La casa estaba llena de silencio esa mañana, pero no era la calma de antes. Era un silencio expectante, como si las paredes escucharan y los relojes marcaran con cautela. Emma se asomó al jardín: los nuevos sobrevivientes permanecían reunidos bajo el árbol central, sin hablar mucho, apenas cruzando miradas. Desde que el hombre del bosque apareció y cayó muerto frente a ellos, nada volvió a ser igual.
Lucía caminaba de un lado a otro con un teléfono pegado al oído, dando instrucciones.
—Necesito