Capítulo 135

El día amaneció con un cielo opaco, sin color. Desde la ventana del refugio, Emma observaba cómo la ciudad despertaba entre noticieros y sirenas lejanas. Un murmullo distinto recorría el aire, un rumor que se extendía con rapidez.

Alejandro entró en la habitación con el teléfono en la mano, el gesto tenso.
—Encendieron

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