El amanecer llegó gris, cargado de humedad y presagios. La lluvia de la madrugada había dejado charcos que reflejaban la silueta del edificio donde Emma se preparaba para enfrentar una parte de su vida que nunca quiso volver a ver.
A su lado, Alejandro permanecía en silencio, con los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta del viejo tribunal temporal habilitado por la comisión internacional.
Dentro, la atmósfera olía a polvo, a papeles viejos y a miedo. Lucía ya los esperaba, vestida de n