Capítulo 126
La luz de la mañana entraba oblicua por las rendijas de la persiana, tiñendo de dorado el polvo suspendido en el aire. El ambiente en la casa donde se habían refugiado era de vigilia perpetua: tazas de café olvidadas en las esquinas, papeles apilados hasta formar pequeñas murallas, computadores encendidos con notificaciones que nunca dejaban de parpadear. Cada rostro llevaba en sí la marca del desvelo, pero también el brillo feroz de quienes saben que están a un paso de un desenlace que puede ca