La mañana amaneció con un aire extraño, como si el mundo entero contuviera la respiración. Desde la ventana del edificio donde se habían instalado temporalmente, Emma observaba la marea de cámaras y periodistas que se congregaban en la plaza central de la ciudad. Había micrófonos de todos los colores, banderas extranjeras ondeando y equipos de transmisión en vivo listos para enviar cada palabra al otro lado del mundo.
—Parece una guerra sin balas —susurró Emma, apretando los brazos alrededor de