La noche aún pesaba sobre la ciudad, húmeda y cargada de un silencio extraño. Alejandro y Lucía, vestidos de negro y con mochilas ligeras, se desplazaban por la periferia de la fundación Santillán. Era una fachada elegante a plena luz del día, un lugar que se suponía filantrópico, lleno de donaciones y balances transparentes, pero que en la penumbra se revelaba como lo que realmente era: una guarida de secretos.
Lucía, con el cabello recogido en una coleta firme, caminaba con un temple que Alej