Volker se detuvo de golpe antes de siquiera llegar a la puerta. Su postura fue hostil e iracunda, y para nada de acuerdo con lo que acababa de escuchar.
—Lo vas a proteger siempre, ¿no es así? —masculló, irritado, aun sin darse la vuelta.
Annelise solamente tenía vista de su ancha espalda debajo de aquella chaqueta que le quedaba muy ceñida.
—¿De qué hablas? —titubeó ella.
—De ese maldito ruso. Siempre lo vas a proteger a pesar de todo. Ahora me quedó muy claro que yo jamás tuve la menor oportu