En silencio, se acercó al coche de Volker y sin apartarle la mirada de encima, lo abordó, bajo el escrutinio de su hermana, que se notaba a simple vista que no deseaba dejarla ir con él.
Tras ponerse el cinturón de seguridad, Volker arrancó.
Durante diez minutos, ninguno de los dos dijo nada. El clima estaba más o menos soportable, pero, de todas maneras, había incomodidad entre los dos.
—¿A dónde me llevas? Sé perfectamente que no fue una orden de mi padre porque él fue quien envió a buscarme