La furgoneta volvió a ponerse en marcha poco después.
Nadie preguntó por qué se habían bajado en la noche, puesto que algunos solo se cercioraron de que tanto Annelise y Volker estuvieran bien a la intemperie y continuaron durmiendo.
Drogo tomó el volante otra vez y el vehículo continuó atravesando la carretera cubierta de nieve como si nada hubiera pasado.
Pero algo sí había pasado. Y ambos lo sabían.
Annelise se acomodó nuevamente en su asiento trasero, envolviéndose en la manta gruesa. El ca