Pronto estuvieron de regreso a la mansión y Annelise se sentía peor que nunca.
¿Qué le estaba pasando a su cuerpo? Ya no había ningún motivo para continuar con aquellos vómitos que no avisaban.
Sin embargo, en el momento que pusieron un pie en el interior de la casa, ambos jóvenes fruncieron el ceño con perplejidad.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Annelise. Su rostro estaba ceniciento y verdoso por tanta debilidad.
Absolutamente cada rincón del primer piso estaba decorado de blanco, con flores bl