Annelise se mordió el pulgar, dubitativa.
—A estas alturas no creo que Alek piense en buscarme, especialmente porque no sabe en dónde estoy y si lo supiera, nunca podría entrar a esta fortaleza sin antes ser ejecutado por los hombres de nuestro padre.
—Solo responde, Annelise—. Insistió Saskia, riéndose. Parecía que le encantaba verla en aprietos.
—Me alegra que te divierta mi angustia.
—Oh, vamos, acabas de entrar en una especie de comedia romántica en donde tienes que elegir a uno de los dos