El edificio de la pequeña clínica parecía demasiado frágil para existir en medio de ese pueblo congelado.
Una casa antigua adaptada a consultorio, con pintura blanca descascarada y una luz amarillenta filtrándose por las ventanas empañadas. El letrero metálico colgaba torcido, golpeando suavemente contra la pared cada vez que el viento soplaba.
Drogo fue el primero en abrir la puerta.
El olor a desinfectante y calefacción vieja los envolvió de inmediato. Dentro, el lugar estaba casi vacío. Solo