—¿Pavel aún no ha vuelto? —preguntó Annelise cuando terminaron de desayunar.
—Estuvo aquí hace un rato, fue a revisar el perímetro otra vez—, respondió Aleksei mientras comenzaba a meter las cosas en las maletas—. Mi padre no llegó a la mansión ayer porque la tormenta estuvo peligrosa para viajar, pero llegará hoy antes del mediodía, así que debemos darnos prisa en regresar.
Annelise se tensó.
—Tranquila, no tienes por qué preocuparte, ¿de acuerdo?
El joven ruso esbozó una sonrisa conciliadora