Aleksei despertó antes de que el cielo se aclarara del todo.
No fue un sobresalto, ni una pesadilla. Fue ese instinto antiguo que se le activaba siempre que el mundo estaba a punto de moverse sin avisar. Abrió los ojos despacio, sin cambiar de posición, dejando que el fuego ya casi extinto respirara en brasas.
Annelise dormía.
Dormía de verdad.
El frío estaba más denso y comenzaba a ser imposible continuar afuera de la tienda de acampar y decidió meter a Annelise a la calidez del refugio entre