El capitán Pavel hizo el ademán de intervenir, pero Annelise levantó la mano para detenerlo porque era probable que el problema se haría más grande.
—¿Qué te traes con mi esposa? —siseó Aleksei con desdén—. ¿O acaso quieres tirártela?
Tanto Pavel como Annelise entornaron los ojos, dejando que el silencio hablara por ellos.
—¿Ustedes dos tuvieron sexo y me vieron la cara de idiota? —logró articular el heredero ruso con cólera. Sus ojos grises estaban oscurecidos de rabia.
—Por supuesto que no, ¿