Inhaló y exhaló tres veces antes de dignarse a llamar a la puerta doble hoja.
Ella se apresuró a abrir y a juzgar por la sonrisa congelada en sus labios, Aleksei dedujo que quizá la fémina había pensado que se trataba del pelirrojo.
—No, no soy Artem.
—¿Qué quieres, Alek?
—¿Desde cuándo pensaste que sería buena idea llamarme Alek en vez de Aleksei? —le preguntó, para no cortar cualquier tipo de hilo que pudiera sostener una conversación antes de que ella lo echara de ahí con justa razón.
—Supon