—Tropecé—. Titubeó, con la respiración agitada—. Gracias por salvarme de la alergia otra vez, Aleksei.
La suavidad en sus palabras puso en alerta al chico. La tomó de los hombros para verla a la cara.
—¿Qué estabas haciendo aquí afuera? Vas a congelarte.
—Estaba aburrida.
—Bien, pues vamos adentro o la próxima vez que vengas acá sola, no seré yo quien te ayude—la agarró de la mano con firmeza y ella no protestó.
En la mansión estaba menos frío que afuera, pero aun así no se quitaron los abrigos