Aleksei la mantuvo aprisionada contra la pared incluso cuando el beso ya había terminado. Se había dedicado a mirarla a los ojos y a tenerla agarrada peligrosamente de la cintura, sintiendo cada curva del cuerpo de esa chica contra la firmeza del suyo, disfrutando de aquel contacto.
Ella tenía los ojos color caramelo más exóticos que había visto y sentía extraño al mirarla, porque no mentía en decirle que parecía una muñeca de cristal a punto de lastimarlo si se acercaba más de la cuenta.
Pero