El rastro de destrucción que dejamos en los muelles todavía humeaba a nuestras espaldas mientras la lancha cortaba las aguas negras del Neva, pero mi mente ya no estaba en la victoria, sino en el siguiente movimiento, Nikolai se mantenía a mi lado, en silencio, su respiración era más acompasada y el brillo de la derrota había sido sustituido por una chispa de intensidad que me resultaba familiar, me observaba como si fuera un mapa que intentara descifrar de nuevo, reconociendo en mis facciones endurecidas los rasgos de la mujer que él mismo había forjado, pero con una furia que él nunca pudo controlar, me limpié la mancha de sangre de la mejilla con el dorso del guante, sintiendo la mirada de Dimitri y los demás hombres, quienes ahora no esperaban las órdenes de Nikolai, sino que mantenían sus ojos fijos en mí, esperando mi siguiente palabra como si fuera un mandamiento.
—No vamos a volver al refugio de San Petersburgo, Dimitri, cambia el curso hacia la pista de aterrizaje privada en