La oscuridad del búnker se sentía más densa que de costumbre, como si el peso de lo que habíamos compartido la noche anterior hubiera dejado el aire cargado de una electricidad residual, Nikolai dormía a mi lado, su respiración era profunda y rítmica, una melodía de calma que contrastaba con el caos que rugía dentro de mi pecho, me quedé observando su perfil bajo la luz tenue de la habitación, las sombras resaltaban la dureza de su mandíbula y la curva de sus pestañas, haciéndolo parecer casi vulnerable, casi humano, pero las palabras de Lorenzo seguían ahí, incrustadas en mi mente como astillas de vidrio, recordándome que cada caricia de este hombre podía ser una maniobra y cada beso una forma de silenciar mis preguntas.
Me deslicé fuera de las sábanas de seda con una agilidad que no poseía semanas atrás, el entrenamiento de Nikolai estaba dando frutos, incluso si lo usaba para traicionar su propia confianza, me puse una bata de encaje negro que apenas me cubría y caminé descalza po