Valiant:
—No le hagas caso, querida.- mi madre acaricia el brazo de Sonée, quien de sienta a su lado.- Desde la muerte de su padre ese hombre se ha convertido en fábrica de ácido.
Sonée me mira de soslayo y yo trago en seco.
Mischa se pone a contar alguna anécdota graciosa y la tensión en el comedor se disipa con lentitud.
Sonée:
La cena fue un fiasco.
Mis madres estaban tan hermosas, bronceadas y sonrientes. Tan felices, de estar de vuelta en casa, y la reunión de bienvenida se arruinó por mi