Liu:
Sentado en la playa contemplo el horizonte, mientras mi mujer duerme en la tumbona.
Río para mis adentros.
Últimamente no la dejo descansar mucho de noche. A esa diabla hay que mantenerla metida en cintura.
—¿Podemos hablar, sobrino? – se acerca Yoko y yo le hago espacio para que siente a mi lado.
—¿De qué quieres hablar?
Ella hace una mueca, y luego me contempla con firmeza.
—No asesiné a tu padre solo porque lo ordenaron los Ivanovs como requisito para la paz entre nosotros. También lo h