Mika:
¡Mierda!
A este paso no duraré nada.
Sus bragas cuelgan de su tobillo derecho, sus altas sandalias perfilan sus hermosas piernas de una manera, que me hace temblar. Y su coño me recibe con una humedad que me pone débil.
Zaneth.
Zaneth.
¡Oh, mi Zaneth!
Me consolaba en las noches frías en la Ciudadela imaginando que me sonreía. Y cuando pasaba hambre, la veía en mi mente , sentada en aquel banco del parque, comiendo sus bizcochos.
Verla resplandecer, enfundada en joyas y sonreír con sus lab