Liu:
El coche se detiene, y mis hombres se apresuran a abrirme la puerta, salgo y liberó un silbido para que me siga.
Se baja, en silencio, ocultando el rostro tras su largo cabello y moviéndose con lentitud, detrás de mí, dejando espacio de un metro entre nosotros.
—Hemos recibido los último envíos, Señor. Mil libras de polvo de la mejor calidad.
Asiento, tomando el table y checando la información.
Mis negocios con los búlgaros van bien. Ellos son gente que a pesar de pertenecer al círculo, no