Eván:
Mi hermano me contempla con pena.
—Lo sé. Sé que la jodí. Sé que la empujé a las drogas y de ahí a la depresión. Creo que se siente inútil. Como si su vida no tuviera valor, como si no tuviera propósito ni sentido continuar viviendo, pero…quizás, si se pasa unos años persiguiendo a un mocoso por aquí…no sé…
—¿Quieres mi consejo, hermanito?
Asiento con vehemencia. Mi hermano siempre ha sido mi mejor consejero.
—No te conformes con uno, mejor que sean dos. Bien pillos y bien mal portados. T