Sé valiente, Riley.
Desperté con la frase en la mente, me senté en la cama y sequé unas lágrimas fugaces.
—No lágrimas — me repetí. Me incorporé despacio. Había dormido varias horas y me encontraba somnoliento, me estiré desalojando todo rastro de pereza de mi cuerpo y miré por la ventana, la misma ventana que observaba el día en que murieron mis padres. Bajé las escaleras y reprimí una sonrisa al ver el candelabro clavado aún en la mesa.
La noche había caído con fuerza y una estela oscura cubr