Cuando desperté, lo primero que sentí fue el cálido cuerpo de Meredith a mi lado, no quise ni siquiera abrir los ojos, como si creyera que fuera un sueño y que con abrir los ojos la presencia de la muchacha se esfumara como una bocanada de humo al viento.
—Sé que estas despierto —me dijo, tenía la voz aún adormilada y se apretó contra mi cuerpo con fuerza.
—¿Cómo lo supiste? —le pregunté y abrí los ojos, afuera el sol hacía rato había salido y la casa estaba llena de un olor fuerte a algo frito