36. Sé que me necesitas
— ¿Ese es el arma?
— Sí. Es de Alicia— respondí asintiendo— El abuelo impidió que continuara disparando. Comenzaron a forcejear y aproveché la distracción para salir corriendo.
Observé los cristales esparcidos por todo el estudio mientras Kedar caminaba despacio inspeccionando el lugar. No estaba siendo del todo honesta, pero era lo único que se me había ocurrido para evitar que Kedar insistiera con subir a mi habitación.
—Por lo menos el viejo hizo algo útil. Recuérdame agradecerle en cuanto l