41. Un par de tragos
La música a todo volumen no me permitía escuchar a Fabricio, que no paraba de preguntar qué tipo de tequila debíamos comprar. Samara, por su parte, se había lanzado a la pista de baile en cuanto entramos al bar; no pasó mucho tiempo antes de que encontrara a la pareja adecuada para seguir su afanado plan de divertirse a toda costa.
Por mi parte, me sentía como un animal indefenso en medio de la selva. Nunca había estado en un bar. En todos mis años de vida, jamás había asistido a ningún tipo de