37. Sí tú supieras.
Samara estaba viéndome como si yo hubiese cometido “otro” delito. Y digo otro porque, efectivamente, mi historial delictivo ya sumaba dos personas. No es que me sintiese orgullosa de esa parte de mi vida, pero en vista de las circunstancias, no me quedaba más remedio que tener ese detalle presente en caso de que mi álter ego decidiera aparecer por ahí.
Estábamos en el escondite de Jalid, recuperando de entre sus cosas todo lo que él había pedido: documentos, dinero, joyas y un sinnúmero de carp