42. Confusión y promesas
No dejo de pensar en que algo no está bien.
Nada parece normal en este momento. Sobre todo, por el silencio absorto de Kedar mientras vamos camino a la mansión. Desde que me subí al auto, no ha dicho una sola palabras. Ni siquiera una mirada de reproche o uno de sus suspiros característicos que en ocasiones denota que no me soporta. Observo su perfil de reojo bajo la poca iluminación y no puedo evitar preguntarme si solo está esperando que estemos solos para descargar su furia por haber escapa