40. Una visita inesperada.
Para cuando llegué a la mansión ya eran más de las cuatro de la tarde. Tal y como lo había ordenado Kedar, Antón pasó a recogerme justo donde Samara y yo habíamos planeado. Todo ocurrió sin contratiempos. La camioneta de Kedar junto con dos autos más, llegaron par de horas después de mi llamada por lo que tuve tiempo suficiente para mentalizarme de que debía sostener la mentira lo mejor que pudiese.
Durante el trayecto creí que Kedar llamaría insistentemente para verificar que estuviese a salvo