44. Pequeño desliz.
«Le dijiste a Fabricio que tu esposo era un asesino»
Abrí la llave del agua a fondo, dejando que el sonido inundara el espacio vacío mientras me obligaba a mirar mi propio reflejo en el espejo empañado. Estaba blanca como un papel.
Hablar sobre lo que le había sucedido a nuestro compañero William, traía un recuerdo demasiado doloroso para mí. Él había sido la primera víctima. Su desaparición fue el golpe de realidad más brutal que recibí, una muestra explícita y sangrienta de lo horrible que er