La radio del auto murmuraba una melodía lejana que Jacob apenas escuchaba.
No necesitaba música grabada cuando a su lado tenía a Valery, sentada con elegancia en el asiento del copiloto, mirando el camino con una sonrisa apenas perceptible pero constante.
Él vestía sobrio, con camisa negra de cuello bajo, sintiendo el roce fresco de la tela sobre su piel aún tibia por la ducha.
Al ajustar el blazer azul noche sobre sus hombros, percibió cómo el tejido se acomodaba con una firmeza casi simbólica,