Jacob caminaba descalzo por el departamento con una toalla alrededor de la cintura y el cabello aún húmedo tras la ducha.
Sus pasos eran lentos, casi perezosos, disfrutando del silencio suave que solo un sábado por la mañana podía ofrecer.
El pequeño gato se enredaba entre sus pies, ronroneando como si la paz de ese instante pudiera durar para siempre.
La sensación del suelo bajo sus pies le resultaba cálida y reconfortante, como si cada paso marcara una tregua momentánea.
La luz del sol entraba