No era una noche como las demás.
No por el cielo estrellado que cubría las montañas, ni por el murmullo del viento que acariciaba los árboles altos que rodeaban el complejo de cabañas.
Era distinta porque Valery se sentía parte de ese mundo tan frágil y cálido.
Un mundo humano, uno donde las palabras no pesaban siglos, donde el amor no era una condena ni una trampa disfrazada de caricia.
Esta noche, lo que habitaba en su pecho no era hambre… era esperanza.
Jacob la tomó de la mano con naturalida