Todo comenzó con un clic, pero no uno cualquiera.
Fue un disparo furtivo del destino, una pequeña acción que amenazaba con revelar un secreto largamente guardado.
Jacob entró despreocupadamente en la habitación de la cabaña, con una sonrisa juguetona, el celular ya estaba preparado en la mano para capturar aquella escena cotidiana.
Valery, distraída, sostenía al gato dormido en sus brazos mientras acomodaba suavemente las mantas sobre la cama, envuelta en una tranquilidad que raras veces dejaba