La cena estaba servida, pero el silencio era el verdadero invitado en la mesa, instalándose con sutileza entre el aroma envolvente del guiso casero y el tenue perfume a café recién colado que aún flotaba en el ambiente.
La luz cálida de la lámpara sobre la mesa proyectaba sombras suaves sobre los platos, mientras el leve crujir de la madera del suelo bajo sus pies descalzos recordaba que la noche avanzaba.
Valery y Jacob comían frente a frente en el pequeño comedor de su casa, el ambiente pesaba