El sonido sordo de la puerta al cerrarse fue el único testigo del silencio que se impuso entre ellos.
No porque faltaran palabras, sino porque ninguna era necesaria.
Jacob rodeó a Valery con los brazos y la sostuvo en un abrazo largo, y en ese instante, Valery sintió una punzada en el pecho.
No estaba acostumbrada a esa clase de contacto, cálido, confiado, sin miedo ni deseo de dominio.
Así no abrazan los de mi mundo... así abrazan los que aún creen en el alma,
pensó, dejando que ese contraste l