Valery se arrodilló a su lado, sus dedos temblaban, su mente gritaba, pero su decisión estaba tomada.
—Espero que esto funcione —susurró, y colocó ambas manos sobre su pecho.
Cerró los ojos, y mientras murmuraba palabras en una lengua antigua, mezcla de plegaria y conjuro, su voz comenzó a quebrarse.
—No me falles ahora… —se dijo en un hilo de voz—. No después de todo lo que hemos sobrevivido.
La oración, olvidada por los siglos, fluyó desde un lugar que Valery creía perdido. No era solo memoria