୧ XXXI ୨

Después de que la emperatriz abandonara el comedor, el ambiente quedó en un extraño estado de pausa. Nadie se levantó de inmediato; todos permanecimos en nuestros asientos, como si aún procesáramos la noticia del viaje.

Pronto, la atención volvió a centrarse en la mesa. La cena no había terminado, y el aroma del postre recién preparado por los sirvientes se extendía por el aire, mezclándose con el calor de la estancia y aportando un toque de dulzura reconfortante.


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