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Esa palabra no dejaba de rebotar en mi cabeza, como un eco insistente. Si ellos podían hablar con la emperatriz, entonces no todo estaba perdido. Era un plan desesperado, sí, pero era el único que tenía. Sabía que intentar buscar a la emperatriz directamente era inútil. El palacio era un laberinto interminable de pasillos, corredores y puertas que aún no entendía del todo. Incluso si por azar llegaba a cruzarme con ella, jamás lograría acerc






