Mundo ficciónIniciar sesiónCuando llegué a la sala médica, empujé las puertas con violencia.
El sonido seco reverberó en la estancia. Dentro, varios curanderos y aprendices se movían como hormigas en caos. La tensión era palpable. Y ahí estaba ella. Aylen, recostada sobre una de las camillas, su piel pálida como el mármol, sus labios azulados. Su pecho subía y bajaba con dificultad.Rose estaba a su lado, en un estado similar, pero mis ojos apenas se posaron






