୧ XCI ୨

Cuando llegué a la sala médica, empujé las puertas con violencia.

El sonido seco reverberó en la estancia. Dentro, varios curanderos y aprendices se movían como hormigas en caos. La tensión era palpable.

Y ahí estaba ella.

Aylen, recostada sobre una de las camillas, su piel pálida como el mármol, sus labios azulados. Su pecho subía y bajaba con dificultad.

Rose estaba a su lado, en un estado similar, pero mis ojos apenas se posaron
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