—Quiero tocarte… ¿puedo? —susurró contra mi oído, con una voz tan baja y cargada de deseo que me estremecí por completo.
No pude responder con palabras. Solo asentí, temblando bajo el peso de sus labios, de su aliento cálido que acariciaba mi piel. A estas alturas ya estaba perdida en ella, completamente rendida a la intensidad de sus gestos y a la manera en que su presencia me envolvía como una llama imposible de apagar.
Solo quería más de ella.
<