El silencio de la madrugada se sentía pesado, casi opresivo.
Cada golpe del carruaje sobre el suelo húmedo, el resoplido de los caballos y la lluvia que comenzaba a caer rompían esa quietud inquietante. Todo lo demás parecía suspendido en una calma tensa, como si el mundo contuviera la respiración.
La situación era crítica.
Hansen y Leah habían desaparecido. Nadie sabía nada de ellos. Según Angel, ni aliados ni enemigos habí