El dolor que recorría cada fibra de mi cuerpo era insoportable.
No era un simple malestar físico, era una punzada viva que me atravesaba desde los dedos hasta el cráneo, como si cada nervio ardiera bajo la piel. Ni siquiera aquella vez que estuve al borde de la muerte por envenenamiento se comparaba con esto.
Aquello había sido un tormento lento y venenoso… pero esto era brutal, inmediato y despiadado.
Cada respiración era una batalla. Cada i