—Listo —anunció con tono triunfal, recostándose como si acabara de escalar una montaña—. Ya terminé. Ahora dime… ¿dónde están mis chocolates?
Solté una risita suave, aliviada.
Coloqué la bandeja sobre la mesita a mi izquierda y metí la mano en el bolsillo de mi túnica. Mis dedos rozaron el envoltorio de un pequeño bombón dorado.
Lo había traído conmigo desde antes, presentía que lo necesitaría.
Y, como casi siempre, había tenido raz