—Nora, siempre he tenido una curiosidad —dije en voz baja, mientras mis dedos acariciaban el rostro tranquilo de Nuriel.
Él levantó la vista desde el vendaje que estaba ajustando en el brazo de la rubia. Su expresión era serena, casi clínica, pero sus ojos se suavizaron al oír mi tono.
—¿Qué sucede? —preguntó, sin dejar de trabajar, concentrado en limpiar con precisión la herida.
—¿Por qué Nuriel se interesó en mí? —solté de pronto, casi