El silencio y la quietud de la noche perturbaban todo.
Era un silencio tan espeso que parecía tener peso propio, aplastando cada pensamiento, cada intento de distracción. Solo el chisporroteo lejano de una vela a punto de extinguirse y el vaivén imperceptible de las cortinas, movidas por un viento indeciso, daban señales de que el mundo aún existía más allá de esa habitación.
Yo seguía junto a Nuriel, sin noción alguna del tiempo.
Las horas se hab