Mundo ficciónIniciar sesión—¡Nora! Empieza a comer —dije, ya con un tono más firme de lo que pretendía.
Él ni siquiera se movió. Permaneció sentado frente a la mesa, con la mirada fija en algún punto invisible, los codos apoyados en las rodillas y los dedos entrelazados como si cargara el peso del mundo en ellos. Ni un gesto, ni una palabra. Solo ese silencio obstinado que me exasperaba y me rompía el corazón a partes iguales. Suspiré, sintiendo cómo la paciencia se me